Deslices

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miércoles, 1 de junio de 2016

Y, al fin, se cerró


Vetusta Blues. -
Y, al fin, se cerró”

Seguimos la noticia hasta el desarrollo final de los acontecimientos. Supongo que no se acordarán que el 25 de julio de 2015 publiqué en esta misma columna un artículo sobre un comercio ovetense que llevaba dos años en su calle Melquíades Álvarez ofreciendo el cartel “Liquidación por cierre”.

Día tras día, observando las ofertas, los colores llamativos de los escaparates, uno se preguntaba si esta “liquidación por cierre” expresada en grandes carteles de los dos escaparates, tendría fin algún día. Y sí, llegó ese día. Costó, no se crean, tras cuatro largos años de “liquidación” y un larguísimo mes que comenzó a mediados de abril: el cartel fue variando, primero 30 de abril; después, 7 de mayo; unos días más tarde, 14 de mayo; cuando ya creía que el fin estaba a punto de llegar, el 21 de mayo; un 28 de mayo, por fin, en un arrebato de sinceridad ante tanta mentira arribó el fin. En efecto, el escaparate desapareció ese día, cuatro años después de la supuesta liquidación total de efectivos.

Nos quejamos de que las cosas van mal para el pequeño comercio. Y uno está de su lado. Sin ir más lejos, en esa misma calle, hay comercios venerables como el de los ultramarinos de Veneranda, al que seré fiel hasta el fin de mis días, con toda la variedad de maravillosos productos gastronómicos que se preocupan en ofrecer. Pero, al lado, están estos oportunistas (voy a ser suave, por una vez en la vida) que se aprovechan de la impunidad y del descontrol. Ofertas o... ¿supuestas ofertas? Nada, amigos ovetenses, cuatro años con el cartelito de marras de “Liquidación por cierre”, de supuestos chollos, mientras a su lado, otros honrados comerciantes mostraban sus productos sin esa impunidad y -¿quién sabe?- a unos precios tan competitivos como esos restos de serie que infectaban con su retorcido encanto toda la calle.

Cerraron, al fin, un día 28 de mayo de 2016. Quedó género dentro, pude verlo unas mañanas después cuando pasé por ahí, quizás reservado en otro enclave para incautos, mientras alguien destinado a regular ese asunto hacía la vista gorda, quien sabe si delante de una fuente de mariscos y unas botellas de cava, en el supuesto menor de la corrupción de los casos.

Me cuesta trabajo ir de compras, sólo si es para acudir a una librería o una tienda de discos me siento bien. Debería existir una regulación y acabar con prácticas tan rastreras como éstas, estoy seguro que todos los comerciantes serían capaces de llegar a un acuerdo. Sobre todo, para que en nuestra ciudad no asistamos a la total impunidad de una mentira como esta “liquidación por cierre” que mantuvo su negocio en alto durante más de cuatro años sin que nadie dijera ni mú.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 1 de junio de 2016