miércoles, 15 de junio de 2016

Los "Quedabien"


Vetusta Blues. -
Los Quedabien

El asunto surgió en varias ocasiones, casi persiguiéndole a uno, como una necesidad perentoria, como un amor no resuelto, como las circunstancias de las que no podemos (ni debemos) escapar. El caso hablaba de los articulistas y apareció, primero, cuando tuve el privilegio de recoger el Premio de la Crítica de Asturias de columnismo literario que me otorgó la Asociación de Escritores de Asturias el pasado año y, meses después, al presentar en el Café-Librería Santa Teresa a mi querido Luis Arias Argüelles-Meres y su último libro “Desde la Plaza del Carbayón” (Septem Ediciones).

Nos preguntábamos el sentido del articulismo, casi desde una perspectiva filosófica pero también didáctica. En un mundo donde el papel recoge velas, sobre todo ante las nuevas generaciones, cuál es el papel del articulista en un periódico. Paralelamente a los veinticuatro años de régimen en Oviedo, asistimos al desfile de personajes neutros que colocaban su firma en artículos light donde lo más importante era la firma, la foto y el cargo. Malos artículos, malos artículos gratis para satisfacer ansias de notoriedad y no para rendir el servicio del que el periodismo es deudor. Malos artículos gratis, infumables, que nadie leía y a nadie interesaban. Pero eran gratis, claro. Y eran de unos “notables”, ansiosos por figurar de la forma que fuera y así destacar en la deriva de un régimen ansioso por adoptar “principales”. Luego llegarían unos reportajes, un poco más de autobombo, la anhelada proyección social más que profesional, aunque sin desdeñar ésta...

Unos “quedabien” al mando de las operaciones. Ocupando el preciado y costoso espacio con ladrillos ilegibles donde el nombre, el cargo y la foto -¡ay, la foto!- pudiera verse bien. El texto, ¿a quién le importa el texto? Ni siquiera a quien debería tratar de elegir y apostar por aquel que tuviera algo que decir. Claro que eso no es tarea fácil. Un atribulado escritor a quien le otorgaron la genialidad por cuatro chascarrillos soltados a tiempo y una novela-tocho infumable repleta de ocurrencias graciosillas, una combativa revista le encargó un artículo mensual y tuvo que darle la boleta -tres meses después- tras comprobar que su absoluta falta de compromiso, su pegajoso sentido del servilismo para intentar quedar bien con unos y con otros no se correspondía, precisamente, con el espíritu de una publicación que tantos trapos sucios había sacado a un precio nada rentable. Los “quedabien” no suelen rimar con la obligación de un buen articulista.

Y, sí, hay que estar preparados para el chaparrón, para que caigan sobre uno lluvias y tormentas de todo tipo. Más aún en este mundo globalizado donde el insulto anónimo acostumbra a salir gratis, donde reprimidos de todo tipo se esconden tras un alias (link, dicen ahora) para vomitar su podredumbre y frustración sin importar más que el exabrupto y la amenaza. Para bien o para mal, ese es el precio a pagar. Quienes, desde luego, no han de tener sitio nunca como articulistas, son quienes ansían vacua notoriedad, al tiempo que tratan de quedar bien con propios y extraños, en loas y peloteos varios, buscando eludir el fuego cruzado de la opinión. A alguno incluso, fue mi caso, otro presunto fenómeno de la literatura llegó a vaticinarle una caducidad de tres meses... Y, ya ven, aquí estamos, en Oviedo, en estas páginas y con el zurrón cada vez más lleno de lectores y seguidores. ¡Bendito vaticinio!

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 15 de junio de 2016