miércoles, 29 de junio de 2016

La música de los de siempre



Vetusta Blues. -

La música de los de siempre”


Ahora que algunos se reactivan en la ciudad a la vista de unos resultados electorales donde las cifras no terminan de resultar -hablo de Oviedo- ni contundentes ni reveladoras, vuelven a aparecer algunos de los “de siempre”. Y, entre los “de siempre”, hay unos pertinaces, que no cejan en su persistente cruzada contra la música en vivo y contra los hosteleros. Ya sabemos, por boca de estos representantes que sólo se representan a sí mismos y a un exiguo (y selecto, no crean que es tan fácil pertenecer a su exclusiva asociación o asociaciones, casi un entramado industrial, un holding de asociaciones contra) grupúsculo de individuos, que todos los males de la ciudad no fueron ni la corrupción de veinticuatro años de sistema, ni los pelotazos, ni todas las rentas de edificios absurdos que han resultado un lujo que ni metrópolis millonarias como Nueva York podrían sostener (el Asturcón), sino que el mal de Oviedo es de la música en directo y también de los hosteleros, uno de los motores de esta ciudad como ya se ha demostrado hasta la saciedad. Del botellón, no hablamos, ¿no?

Pero ahí están, con su particular música desafinando en esta ciudad, buscando quién sabe qué réditos. Con su particular representación, que ni define al Oviedo Antiguo ni a una ciudad en 2016. Estos sueñan con el silencio de los cisnes, pero con las ventajas de 2016. Desean vivir en el siglo XVIII, pero con las ventajas del XXI: electricidad, servicios centrales, internet. Son como una pésima novela histórica donde el protagonista se limpia el culo con papel higiénico. Y, discúlpenme, pero así son las cosas. Lo que ocurre es que cuando la hipocresía, la simulación y unos oscuros intereses se mueven contra gente honrada, hemos de estallar y pedir nuestro espacio. A mí me gusta salir por la noche y ver a un grupo de músicos actuando en un local perfectamente insonorizado donde no se molesta a nadie, por mucho que estas asociaciones de pacotilla que llevan parasitando a la ciudad tanto tiempo pretendan convencer a algunos con no sé qué intereses ocultos. Muchos hosteleros podrían contar cómo en un bloque de edificios donde ningún vecino protestaba, surgían “extrañas” denuncias... Ahí lo dejo.

Esta música desafinada de “los de siempre” está llegando a un límite intolerable, a un límite de negación de la realidad tal que el culpable es el hostelero que ha insonorizado su local y no la turba del botellón que está en la plaza de turno. A la amenaza, no sé sabe de qué, pero en su peculiar estilo. A esto hemos llegado por hacer caso a turbios intereses de extrañas asociaciones, siempre contra los músicos y los hosteleros; a esto hemos llegado porque unos dirigentes de un régimen que campó a sus anchas durante veinticuatro años, prefirieron doblegarse ante unos representantes, que -digámoslo ya- representan a una minoría sólo interesada en convertir una zona viva en un auténtico cementerio del silencio para que así algunos puedan sacar la tajada de un ladrillo que, a día de hoy, no encuentra alicientes para derrumbar con su piqueta a un lugar por mí tan querido, un sitio tan entrañable y singular como el Oviedo Antiguo.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comecio" el miércoles 29 de junio de 2016