Deslices

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miércoles, 11 de mayo de 2016

Los Patos

 

Vetusta Blues. -

"Los Patos"


El día a día nos impone una agenda trepidiante en la ciudad: los lugares asolados por el olvido, tantas zonas a recuperar, este Ovd nuestro que queremos que se levante por encima de las cenizas de quienes tanto provecho sacaron. La ciudad de los marrones, de los múltiples marrones. Nada de palacios, nada de unos lujos vacuos que tanto han costado a la ciudadanía. El Asturcón como emblema de la locura, símbolo de cómo se puede abusar hasta el límite de lo insoportable, y que te quede como recado para que una minoría siga beneficiándose. Mientras tanto, cada vez que alguien quiera nadar, deberá hacer frente a un pago anual. Todo por los caballos, nada por el resto de idiotas que les observamos con gesto compungido mientras tratan de justificar tanto (y tanto, y tanto) abuso.

Parece que cuarenta y no sé cuántos millones vertidos en ese sumidero denominado "Asturcón", no han sido lo suficientemente escandalosos como para que alguno salga a vendernos la moto. Más fácil,  más barato, quizás imposible de sacar una plusvalía (probablemente por eso menos atractivo, claro) es disfrutar de los patos en el Campo San francisco. Una veintena nueva ha llegado. Los cisnes -casi como si militasen en un partido determinado- reaccionaron mal. Tanto, que hasta los cuidadores han colocado una barrera. Allá donde voy, y me encuentro a estos animales, me siento bien. En Madrid, en el Retiro; en París, en las Tuillerías; en Oviedo, verles surcar las aguas con esa elegancia tan suya, me transmiten una de esas sensaciones impagables por aquellos que siempre tratan de sacar partido a todo. Recuerdo a las pobrecitas y simpáticas ardillas, exterminadas por la mala educación y la burricie. Esos imposibles que nos han hecho tragar...

Es difícil que Ella vuelva, que todo siga igual. No sé si me importa. Qué es lo que me importa, salvo sobrevivir a uno mismo, una vez más. Sigo el ritmo de Hugo Race, deslizándose entre los lugares recónditos de mi corazón, buscando una explicación que sólo tiene sentido en los múltiples latidos... Hay dos patos que ya vadeaban las pequeñas aguas del estanque del Campo San Francisco, su hocico rojo, su magistral elegancia. Me gustan, me siento bien sabiendo que son unos supervivientes, por encima de los (supuestos) hermosos cisnes, que pelearon por su sitio. Y tú seguirás lejos. Tan lejos, tan imposible. ¿Y qué?
MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 11 de mayo de 2016