miércoles, 13 de abril de 2016

Pacientes

 

Vetusta Blues. ­


“Pacientes”


La vida nos pone a prueba muchas veces, tanto a nivel emocional como al de la propia
supervivencia. Quizás cuando más lo comprobamos es cuando la salud nos da un susto. Ahí
estamos equiparados todos y, supongo, la lección de pasar por el servicio de urgencias de un
hospital deberían repetirla, sobre todo, aquellos que permanecen más alejados del mundo,
envueltos en su burbuja. Por ejemplo, los políticos. Curioso es que hayamos visto en los últimos
meses cómo algunos exigían un indignante trato de favor al enfrentarse a ese trago. Un trago que
nunca es agradable, por mucho que los profesionales que trabajan duro en esos benditos servicios
públicos traten, las más de las veces, de hacérnoslo llevadero.
Las circunstancias me llevaron a esas urgencias hace unos días y volví a comprobar cómo estos
profesionales se dejan la piel (no como ese político que no para de repetirlo en sus mitines-
intervenciones parlamentarias) para cuidarnos. Todos ejercen su labor profesional con eficacia, sin
malas caras, con una gran disposición y dinamismo. Lo puede comprobar cualquiera que acuda al
HUCA. Uno lo ha hecho de primera mano. Con educación, uno siempre encuentra una buena
respuesta. Hay que ser paciente y observar a nuestro alrededor ese panorama ­triste, sí­ donde
comprobamos el cuidado de nuestros mayores y de muchos otros enfermos. Desafiando la falta de
personal, los profesionales se afanan en que estemos atendidos. Sé que hay muchos que siempre
están viendo hasta el resquicio más pequeño para que aflore la negatividad y la queja, pero he de
afirmar que la atención fue exquisita. Y que, por circunstancias, también en los últimos meses,
aunque no fuera uno el protagonista sino sus familiares más cercanos (mi madre y mi padre, para
ser más concretos) el buen trato fue el que mandó.
Ahora que muchos tratan de escaquearse de sus deberes con la hacienda pública, con los demás,
bien harían muchos políticos en convencernos que es gracias al pago de impuestos que servicios
públicos básicos como la salud están a nuestro alcance como en muy pocos países. Muchas veces
nos aferramos a lo negativo, a verlo todo negro, hasta que llega un momento de zozobra como el
de cualquier enfermedad y es entonces cuando se comprueba lo bueno que tenemos. Repito:
aunque se siga maltratando a los profesionales con eventualidades, pagándoles menos de lo que
merecen (algo común a la mayoría de las profesiones en este país, si excluimos políticos y
futbolistas de élite) y obligándoles a multiplicarse por falta de personal. Viste mucho más el
quejarse continuamente y, muchas veces, de modo injustificado, pero comprobar en momentos
difíciles la profesionalidad de aquellos encargados de cuidar de salud debería ser un motivo de
orgullo frente a los dislates de quienes nos mantienen envueltos en un insoportable limbo de
provisionalidad.
 
MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 13 de abril de 2016