Deslices

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miércoles, 27 de abril de 2016

Las ruinas de la calle Uría


Vetusta Blues. -

Las ruinas de la calle Uría”


Para bien o para mal, la calle Uría es el escaparate de Oviedo, su gran escaparate. Bajarse del tren y admirar esa vía produce una magnífica sensación, un hermoso paisaje con montañas al fondo, una vía amplia y espaciosa. Un lugar por el cual asomarse al mundo o al universo ovetense, más intrincado que esa calle recta y majestuosa.

De un tiempo a esta parte, en cambio, la calle Uría se ha ido llenando de ruinas en sus edificios. Si la tomamos desde la propia estación de ferrocarril, a mano izquierda, contemplamos el edificio del portal número 74, que ha ido demoliéndose con sumo cuidado, casi artesanalmente, dado el peligro que conllevaba hacerlo de un modo convencional. Hoy mismo pasaba entre los múltiples cascotes del solar, que estaban siendo cargados en un camión. La sensación que produce es desoladora. Claro que, si seguimos caminando por esa misma acera, al cruzar la calle Melquiades Álvarez nos encontramos con las enormes grúas que nos avanzan el terrible incendio que destrozó el numero 58 y segó la vida de un bombero hace tan sólo unas semanas. Encontrarse con esa muralla de parapetos y grúas resulta desasosegador. La inquietud se apodera de uno mientras observa cómo muchos viandantes se detienen a contemplar el terrible panorama.

Otros edificios han tenido que ser desalojados para albergar locales comerciales, como el del portal número 29, donde toma asiento una mendiga. La deslumbrante arquitectura se vuelve pavorosa, con esas gárgolas amenazantes culminando el espacio de los locales vacíos. La desazón también me invade cada vez que paso por ahí, como si algo en el corazón de la ciudad se estuviese muriendo, en una agonía más acentuada que otros lugares desoladores de Oviedo como el Cristo, la plaza de toros o los chalets de La Vega.

Resulta chocante encontrarse con esta desolación en un espacio donde la ciudad se muestra a todos, en mayor medida a los forasteros. Habla de decadencia y abandono, de las ruinas de un régimen que vendió una ciudad “de los palacios” y que ha resultado ser la ciudad “de los marrones y de sus ruinas”.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 27 de abril de 2016