Deslices

Deslices

miércoles, 9 de marzo de 2016

Singularidad

 

Vetusta Blues. -

Singularidad”


Contemplando la fabulosa intervención músico-poética de Pablo Und Destruktion y la Tribu del Trueno con el clásico del cine expresionista mudo de los años 20 “Las Manos de Orlac” en el ovetense Teatro Filarmónica dentro de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (S.A.C.O.), no dejé de pensar en que estos son los elementos que confieren una singularidad a la cultura ovetense. Un lujo que se recordará cada vez que el grupo asturiano lo vuelva a representar en cualquier parte del mundo: allí se recordará que la primera actuación se hizo en Oviedo en el S.A.C.O.. Llevarán el nombre de la ciudad por el mundo con enorme dignidad, con gran proyección, siempre que estén a la altura -y no espero menos- de su enorme demostración del pasado viernes 4 de marzo.

Frente a anodinas representaciones y convocatorias que se repiten como setas por toda la piel de toro, es lo propio, la iniciativa original, la que permite ese punto de diferenciación que convierte determinadas citas en imprescindibles, ya sean literarias, cinematográficas, musicales o mezclando e interactuando entre varias. Sí, es difícil de conseguir, aunque no imposible. Y, mucho menos, a los desorbitados precios que pretenden algunos. También, como no, nos encontramos con guays que tratan fusiones imposibles, estrafalarias, chirriantes interdisciplinas incapaces de concitar ningún interés. Por eso siempre ha de haber un filtro para seleccionar el polvo de la paja, algo que ya pudimos comprobar con determinadas convocatorias a bombo y platillo, repletas de alfombra roja y huecas de interés y, más aún, de público.

Y es que una de las más peligrosas tentaciones en la cultura es la de pasarse de guay, ustedes me entienden. Hay que pisar la tierra y despegar. No estar volando y aterrizar de bruces. De ahí que, sentado en mi butaca del Filarmónica, contemplando el espectáculo de Pablo Und Destruktion y la Tribu del Trueno, escuchando su música intensa, estimulante y disfrutando de las conmovedoras imágenes del film de Robert Wiene, me sentí muy afortunado de que mi ciudad hubiera albergado algo así, en un estreno absoluto que podrán ver y oír próximamente en otros lugares del mundo. Ser partícipe de esa singularidad es uno de esos privilegios vedados casi siempre a lugares pequeños como Oviedo, que, creo, no sabemos valorar en su justa medida. Triste sería que, cuando hayan impresionado a Barcelona y hayan escrito de ello en, por ejemplo, la revista “Rockdelux”, todos comiencen a babear de la circunstancia. Resulta lamentable que algunos deban esperar a que les digan desde otros lugares qué o quiénes son aquellos a los que tenemos a nuestro lado, que pueden estar tomándose una cerveza en el Café Paraíso o en la Lata de Zinc, que -no me cabe la menor duda- dedicarían unos minutos a comentar algo de su obra con quien les abordase y que deba ser el dictado que procede de muy lejos y poco o nada sabe de lo que se cuece en esta tierra, el que imponga gustos y modas. Errores repetidos tantas veces y a través de tantos años. Y que parecen imposibles de subsanar. Entre tanto, bienvenidas sean iniciativas como la del S.A.C.O. y actos tan maravillosos como la intervención músico-poética de Pablo Und Destruktion y La Tribu del Trueno sobre el film “Las Manos de Orlac”. Lujo y calidad necesarios para creer que a Oviedo llegan otras formas de cultura alejadas de lo decimonónico, de la rutina, de lo rancio.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 9 de marzo de 2016